No me arrepiento de este amor

(fecha de realización: Noviembre-Diciembre 2013 para http://www.grupokane.com.ar) 

 Imagen

Hace un tiempo ya que la aparición de películas como ViolaLos ilusosEl loro y el cisne, me pusieron a pensar sobre el grupo de amigos como modo de producción (ver este texto). Lo que no se es cómo pensar al cine de los amigos cuando se trata del cine de los propios amigos y compañeros de generación. Cómo escribir sobre algo en lo que estoy muy involucrada, o si debo hacerlo o no. O al revés, si es que siendo compañeros de generación es nuestra responsabilidad reflexionar sobre nuestras propias películas y la de nuestros amigos con distancia. O sea, traspasar la endogamia.

Liberen a García es la historia de Roma e Inés, dos chicas que están juntas estando solas. Viven constantemente en el presente, sin pensar mucho en el futuro pero sí un poco en el pasado. Mantienen sus vidas individuales en secreto la una de la otra porque juntas prefieren vivir otras cosas. Ambas están en un equilibro constante entre flotar y caerse, entre evadirse y enfrentarse. La película también mantiene este equilibro, entre el tiempo detenido del juego y la progresión de lo ineludible, las acciones y el avance de una trama más concreta. Tener ganas de vivir, al final, no es sólo pasear sino también reaccionar por lo que te persigue y te termina alcanzando.

Liberen a García no es un inmaduro devaneo de jueguitos sino una película sobre madurar. Jugar y no jugar son parte del tiempo, incluso su medida. La música, las secuencias de baile, de correr, de bromear existen porque también existe el silencio, la pausa y hablar en serio. Esto pasa en la película entre el plano fijo y la cámara en mano, entre el plano general y el primer plano. El clímax en García es duro y concreto: todo se termina y todo se transforma. Está manejado y narrado en progresión y en un juego de equilibrios frágiles que cuando se desbordan deben ser resueltos. Al final madurar se plantea como aprender y dejar atrás lo que ya no podemos retener. Se puede seguir jugando siempre, pero ahora a consciencia. Si rompemos todo eventualmente lo vamos a tener que reparar porque como dijo Gilda: “Porque tengo el corazón valiente / voy a quererte, voy a quererte / porque tengo el corazón valiente/prefiero amarte y después perderte”.

María Boughen dijo de su generación en una entrevista: “lo que está por venir es infinito”. Eso habla de lo mismo que su película: un amor infinito por el presente en que vivimos, por ser una generación que piensa y tiene ganas de contar historias en conjunto, de ver a los demás con toda la apertura posible, entender el mundo, aprehenderlo, disfrutarlo y compartirlo. Una generación que tiene la tecnología muy a su favor y la aprovecha bien. El de Boughen es un optimismo constructivo que le hace muy bien al cine. Parece decir: el cine es nuestro y tenemos ganas de vivirlo.

Salí de la película con la sensación de haber compartido algo, de haber pasado tiempo acompañada. Yo también estuve en esas terrazas con Roma e Inés durante casi 80 minutos y me gustó. Sus ganas de vivir fueron también las mías, y eso me indica que esta generación está dejando atrás la abulia en favor de la ternura.

No creo que sea una película hermética sino todo lo contrario. Sus personajes son sólidos, las actuaciones increíbles, la historia es clara y la narración precisa. La empatía se construye como algo inevitable: como logramos acceder a estas chicas en sus mundos, en lo que se ocultan la una a la otra, las entendemos. Será cuestión de trabajar en conjunto para reducir el hermetismo al mínimo –si existe– o de tener la paciencia de aprehendernos y entender que algo está cambiando. A míLiberen a García me puso la piel de gallina de ternura, felicidad y juventud.

 

Anuncios